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      CONSULTA DE NEFROLOGÍA

      La Nefrología es la especialidad médica que estudia la anatomía de los riñones y sus funciones y de las muchas enfermedades sistémicas que le afectan, entre las que destacan la Diabetes y la Hipertensión Arterial en nuestro ámbito. Tiene como campo la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades del riñón y sus consecuencias.

      Aunque se trata de patologías poco conocidas a nivel general, es común haber oído hablar de la enfermedad renal crónica (ERC), la Nefropatía diabética (ND) y, sobre todo, de la Hipertensión arterial (HTA). De todas estas enfermedades – y otras – se ocupa el especialista en Nefrología, aunque muchas de ellas puedan requerir un enfoque multidisciplinar.

      ¿Qué funciones cumplen nuestros riñones?

      Las funciones que realiza el riñón son múltiples y muy diferentes entre sí:

      • Funciones depurativas: Eliminación de sustancias finales producidas por el metabolismo normal (urea, ac. úrico, etc.).
      • Funciones metabólicas: Reguladora del equilibrio hidro-electrolítico (control de líquidos e iones), del equilibrio acido-base (control del pH y el bicarbonato), y control del metabolismo calcio-fósforo.
      • Funciones endocrinas: control de hormonas reguladoras de la tensión arterial, la hormona estimulante de la eritropoyesis (control de la anemia), y control del metabolismo de la vitamina D entre otras.

      Patologías que atiende el nefrólogo

      En el paciente mayor se produce un deterioro de función renal que podemos denominar fisiológico, dado que el riñón envejece igual que el resto de los órganos de la economía.

      Con la edad, la incidencia y prevalencia de enfermedades sistémicas que cursas con insuficiencia renal es muy elevada, y su tratamiento en ocasiones puede conllevar nefrotoxicidad que acelera el envejecimiento renal si no está supervisado por un Nefrólogo (evitar exposición innecesaria a contrastes yodados o sin las preceptivas precauciones, ajuste de dosis de fármacos que a la dosis habitual resultan tóxicas para nuestros pacientes, etc.).

      Consiste en el deterioro progresivo e irreversible de la función renal.

      Los riñones pierden lentamente su capacidad para eliminar toxinas y controlar el volumen de agua del organismo. En la mayoría de casos, se llega a la situación de enfermedad renal crónica, tras un período de tiempo variable, así que pueden pasar años desde el inicio del diagnóstico inicial hasta llegar a la fase crónica.

      En el momento en que los riñones pierden su función, también dejan de producir una serie de hormonas que ayudan a regular la tensión arterial y estimular la producción de glóbulos rojos (eritropoyetina) o la absorción de calcio de los alimentos para mantener los huesos saludables (vitamina D).

      Es muy frecuente que un paciente presente hipertensión arterial y diabetes, por lo que el daño sobre los riñones se incrementa. El control adecuado de la hipertensión arterial y la diabetes enlentece la progresión de la enfermedad renal crónica y disminuye el riesgo cardiovascular.

      Se diagnostica mediante la medida en una muestra de sangre de los niveles de creatinina y de urea o BUN, que son las principales toxinas que eliminan nuestros riñones. Además, se realizan analíticas de la orina para conocer exactamente la cantidad y la calidad de orina que se elimina.

      Los síntomas más comunes de la insuficiencia renal crónica son: disminución de la cantidad de orina, cansancio, picor de la piel, pérdida del apetito, hipertensión arterial, dificultad para respirar o disnea, retención de líquidos, anemia, mal sabor de boca o sequedad, náuseas y vómitos.

      La insuficiencia renal aguda ocurre cuando los riñones pierden de repente la capacidad de filtrar los desechos de la sangre. Cuando los riñones pierden la capacidad de filtración, pueden acumularse niveles nocivos de deshechos, y puede desequilibrarse la composición química de la sangre. La insuficiencia renal aguda, también llamada lesión renal aguda, se desarrolla rápidamente, por lo general en menos de unos días.

      La insuficiencia renal aguda puede producirse cuando: Tienes una enfermedad que reduce el flujo normal de circulación de sangre hacia los riñones. Experimentas una lesión directa en los riñones. Los tubos de drenaje de orina (uréteres) de los riñones se obstruyen y los deshechos no pueden eliminarse del cuerpo a través de la orina.

      Los síntomas más habituales de la insuficiencia renal aguda son: la disminución del volumen de orina, la retención de líquido, la falta de aire, fatiga, desorientación, náuseas, debilidad, ritmo cardiaco irregular, dolor o presión en el pecho o convulsiones.

      El correcto diagnóstico será definitivo para la elección del tratamiento, que debe ser precoz y eficaz.

      La glomerulonefritis es la inflamación de los pequeños filtros de los riñones (glomérulos). Los glomérulos eliminan el exceso de líquido, los electrolitos y los desechos del torrente sanguíneo, y los hacen pasar a la orina. La glomerulonefritis puede aparecer de manera repentina (aguda) o gradual (crónica).

      Muchas afecciones pueden causar glomerulonefritis. A veces la enfermedad es heredada y otras veces se desconoce la causa. Las afecciones que pueden llevar a la inflamación de los glomérulos de los riñones son:

      • Infecciones.
      • Enfermedades inmunitarias.
      • Vasculitis.
      • Afecciones que pueden causar cicatrización de los glomérulos.

      Los síntomas de la glomerulonefritis son: orina color rosada o amarronada, orina con espuma, presión arterial alta, retención de líquidos con hinchazón en la cara, las manos y pies.

      La hipertensión arterial es, probablemente, la enfermedad más prevalente que hay en el mundo y afecta, aproximadamente, a un tercio de la población. Es el principal factor de riesgo cardiovascular. Se le conoce como el “asesino silencioso”, porque en la mayoría de casos no presenta síntomas, por lo que se pueden llegar a desarrollar problemas cardiacos, cerebrales o renales sin ser conscientes de padecerla. Es el factor de riesgo más común de todas las llamadas enfermedades cardiovasculares, que son la primera causa de muerte en nuestro país.

      Aunque no hay una causa concreta, se sabe que alguna de estas causas, entre otras, juegan un papel muy importante en su desarrollo: herencia familiar, alimentación inadecuada, obesidad, inactividad y sedentarismo, tabaco, estrés, consumo excesivo de alcohol.

      Para diagnosticar la hipertensión arterial, se realiza una historia clínica del paciente donde se incluye; los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, la alimentación y actividad física, la toma de medicamentos que pueden causar hipertensión, la existencia de una enfermedad cardiovascular previa. También se deberá de medir la presión arterial, que es la prueba fundamental para el diagnóstico de esta patología.

      Una infección de las vías urinarias es una infección que se produce en cualquier parte del sistema urinario: los riñones, los uréteres, la vejiga y la uretra. La mayoría de las infecciones ocurren en las vías urinarias inferiores (la vejiga y la uretra).

      Las infecciones urinarias suelen producirse cuando ingresan bacterias en las vías urinarias a través de la uretra y comienzan a multiplicarse en la vejiga. Aunque el sistema urinario está preparado para impedir el ingreso de estos invasores microscópicos, estas defensas a veces fallan. Cuando esto ocurre, las bacterias pueden proliferar hasta convertirse en una infección totalmente desarrollada en las vías urinarias.

      Las infecciones urinarias no siempre causan síntomas, pero cuando lo hacen, estos pueden ser sus signos: necesidad imperiosa y constante de orinar, sensación de ardor al orinar, orinar frecuentemente en pequeñas cantidades, orinar de color rojo o rosa u orina con olor fuerte.

      Cuando se tratan de manera rápida y adecuada, es poco frecuente que las infecciones de las vías urinarias inferiores tengan complicaciones. Sin embargo, si una infección de las vías urinarias no se trata, puede tener consecuencias graves si la infección se extiende a los riñones.

      La enfermedad poliquística del riñón es un trastorno hereditario en el que se forman muchos sacos llenos de agua (quistes) en ambos riñones; los riñones aumentan de tamaño, pero tienen menos tejido funcional.

      Algunas personas tienen síntomas tan leves que no se dan cuenta de que tienen un trastorno; otras, en cambio, tienen dolor en el costado, sangre en la orina, hipertensión arterial y dolor de tipo cólico provocado por los cálculos renales.

      El diagnóstico se basa en la ecografía, la tomografía computarizada o la resonancia magnética nuclear de los riñones.

      Los cálculos renales y las infecciones se tratan, pero más de la mitad de las personas afectadas acaban necesitando diálisis o trasplante renal.

      Son alteraciones del contenido de agua o electrolitos en el cuerpo humano, cuando la cantidad de estas sustancias baja o aumenta. Son frecuentes y suelen presentarse como tendencia a retención de líquidos (denominada edemas).

      Se pueden producir trastornos del sodio o de potasio en relación con interacciones medicamentosas o tratamientos no controlados, sobre todo en personas mayores.

      El diagnóstico de esta patología es a través de un análisis de orina o sangre, para valorar los niveles de potasio, sodio y calcio en tu cuerpo.

      Los síntomas más habituales son: náuseas, debilidad, dolores musculares, deshidratación, hinchazón, respiración lenta, sed excesiva, sequedad en la boca y orina de color oscuro.

      El metabolismo del calcio y el fósforo es complejo, implicando a distintos órganos como el riñón, el hueso, el intestino y las glándulas paratiroides entre otros. Estos trastornos pueden aparecer tanto en presencia de insuficiencia renal, como con una función renal normal.

      La consecuencia más importante de las alteraciones del calcio es la presentación de arritmias cardiacas, aunque no hay que olvidar que puede dar lugar a calambres musculares, formación de cálculos renales (litiasis), e incluso contribuir a la osteoporosis. Además, pueden darse fenómenos de calcificación de partes blandas, dando lugar a problemas articulares e incluso a calcificaciones en las arterias musculares contribuyendo a la hipertensión y a la arteriopatía periférica, cuyos últimos estadios pueden precisar incluso de amputaciones sobre todo si coexisten con la diabetes. Si las calcificaciones son a nivel de las arterias coronarias (corazón), pueden dar lugar a infartos o angina de pecho.

      La litiasis tiene unos trastornos metabólicos renales y trastornos dietéticos, que deben definirse y tratarse para evitar la nueva aparición de cálculos. Es un estudio que debe hacerse fuera de los episodios de cólico nefrítico o extracción de los cálculos. Es fundamental un abordaje conjunto con el Urólogo para descartar afectación de la vía urinaria fundamentalmente en forma de obstrucciones o infecciones de repetición. Para ello ha de hacerse un estudio metabólico de la formación de la litiasis renal.

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      PREGUNTAS FRECUENTES

      No fumar.

      Llevar una alimentación saludable.

      Tener una vida activa.

      Realizar ejercicio regularmente.

      Tomar líquidos en la cantidad adecuada.

      No automedicarse.

      Evitar el sobrepeso y la obesidad.

      Controlar la tensión arterial.

      Mantener unos niveles de azúcar en sangre adecuados.

      Revisar anualmente el funcionamiento de los riñones.

      Mientras que el nefrólogo se enfoca en los riñones y el seguimiento clínico, el urólogo corrige los padecimientos en la anatomía y función del aparato urinario a través de procedimientos quirúrgicos.

       

      En términos generales es necesario acudir a un nefrólogo frente a síntomas de patología renal como: Fatiga o cansancio excesivo. Sangre en la orina o cambios en su densidad o color. Retención de líquidos.

      Los riñones son los principales químicos del cuerpo. Filtran y eliminan los desechos de la sangre, eliminan el exceso de agua del cuerpo, ajustan los niveles de minerales y sustancias químicas del cuerpo y producen hormonas que ayudan a controlar la presión arterial y a producir glóbulos rojos.

      Hay varias formas en que puede proteger sus riñones y retrasar la progresión de la ERC.
      Un buen control de la presión arterial, modificaciones en la dieta, abandonar el tabaco y, si usted es diabético, mantener sus niveles de azúcar en un rango seguro son las maneras en que usted puede cuidar sus riñones y repercutir positivamente en su función renal. Además, manténgase informado sobre los resultados de sus análisis, haga preguntas y participe en su plan de tratamiento. Usted es el miembro más importante de su equipo médico.

      Hay diferentes cosas que ayudan en el control adecuado de la presión arterial: mantener un peso corporal adecuado, hacer una dieta sana, rica en frutas y verduras frescas, cereales y consumir productos lácteos desnatados; Limitar el consumo diario de sal a un máximo de 5 gr al día (es el equivalente a una cucharada de café en todo el día), hacer ejercicio físico regular, al menos 30 minutos de actividad física diaria y evitar el consumo de tabaco y alcohol.